Del mito a la razón
Presentar oralmente una idea mientras la audiencia lee el mismo mensaje, escrito palabra por palabra en la diapositiva facilita su asimilación. Lo escrito refuerza lo oral y viceversa, sobretodo para aquellas personas catalogadas como "visuales" -¿os suena el modelo visual/auditivo/kinestésico?. O eso nos dice el sentido común. Claro que, el sentido común evolucionó para ayudarnos a sobrevivir en la sabana africana en donde aún no se estilaba la preparación de planes de caza con PowerPoint. ¿O si?.

Era de esperar pues que nuestra intuición basada en el sentido común terminase siendo probada como falsa por las modernas teorías del aprendizaje, y así lo ha sido.
Frente a la desgraciadamente común y anticuada teoría del aprendizaje basada en la existencia de un único canal, capacidad ilimitada y procesamiento pasivo según la cual
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no importa el tipo de estímulo empleado durante la sesión de formación, ya sea oral o visual ya que todo se transmite por un único canal que,
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además es de capacidad ilimitada,
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y del que los pupilos/audiencia recogerán total, secuencial y fidedignamente la información volcada en el como si de una cinta de vídeo se tratase,
se impone la moderna teoría del aprendizaje de canal dual, de capacidad limitada y procesamiento activo según la cual
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existen dos canales diferenciados en el proceso de adquisición y procesamiento de la información: el visual y el oral,
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de capacidad -desgraciadamente- limitada,
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del que los pupilos tomarán lo que consideren más importante y estructurándolo con su conocimiento previo lo consolidarán en sus memorias a largo plazo.
Volvamos de nuevo a nuestra intuición inicial y apliquémosla a la nueva teoría del aprendizaje, en concreto a las hipótesis de capacidad limitada y canal dual. Según intuíamos, el mostrar en pantalla el mismo texto que el formador exponía debería incrementar el nivel de aprendizaje. Sin embargo, según experimentos realizados por Richard E. Mayer, psicólogo educacional e investigador en aprendizaje multimedia en la Universidad de California Santa Bárbara (UCSB) la realidad es bien distinta. El presentar estímulos visuales y auditivos del mismo concepto redunda en una sobrecarga innecesaria del canal del lenguaje: el discurso del orador es captado por los oídos y transmitido al cortex auditivo donde es analizado y, en virtud de su carácter enviado al centro del lenguaje del cerebro. Por otro lado, el texto presente en la pantalla es captado por los ojos y canalizado al cortex visual donde es analizado, traducido a su representación verbal y enviado por tanto al centro del lenguaje del cerebro, donde sumado al discurso del orador produce una sobrecarga ya que recordemos, la capacidad de nuestro canal de aprendizaje es limitada.

Los experimentos arrojan unos datos demoledores: los alumnos expuestos sólo al discurso del orador mejoraron la retención del mensaje en un 28% y, lo que es más importante, mejoraron en un 79% su comprensión frente a los alumnos que fueron expuestos de forma simultánea al discurso del orador y a su representación textual, demostrando que dicha exposición simultánea es contraproducente para la retención y comprensión del mensaje transmitido.
¡Recuérdalo la próxima vez que quieras emplear una presentación como un teleprompter!.














gracias por el contenido
"no importa el tipo de estímulo empleado durante la sesión de formación, ya sea oral o visual ya que todo se transmite por un único canal" completamente cierto, muy bueno el artículo... felicidades!
Muy interesante este
Muy interesante este estudio, muchas veces se piensa que cuantos más médios mejor. Saludos
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